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¡Nunca sueltes tu osito!

¡Nunca sueltes tu osito!

El osito que tu hijo arrastra por toda la casa es más que un juguete, es la señal de que se está aventurando a descubrir el mundo sin necesidad de que lo lleves de la mano.

Entre el año y medio y los tres años de vida, los niños aprenden a separarse de sus figuras de cuidado más importantes, empiezan a caminar, a comer solos, a controlar esfínteres, a explorar su cuarto, su casa y el exterior, pero necesitan algo que los haga sentirse acompañados, el osito o una manta son una opción.

Los especialistas advierten que el osito o la mantita que los niños no quieren soltar son objetos transicionales. Son más que una compañía, son para sentir que hay algo ahí que está con ellos, que no los abandonará, que les acompaña para no sentirse solos en el proceso de aventurarse a cosas nuevas.

El niño, en principio, siente que es parte de sus papás y después aprende que es un individuo independiente en el marco de una familia donde los papás lo cuidan y lo protegen, pero él puede salir a explorar el mundo.

El oso de peluche o la manta que los niños utilizan como objeto transicional también puede servir para fomentar buenos hábitos de sueño. Podemos utilizar al osito para modelar hábitos y crear una rutina para antes de dormir, en la cual se incluya lavarse los dientes, ir al baño, ponerse la pijama.

También son una compañía para el niño durante las noches, porque en esta etapa es cuando pueden tener terrores nocturnos o pesadillas que provocan que el niño quiera pasarse con los papás, pero si tienen un osito que los está acompañando es más fácil que aprendan a autorregularse y dormirse en su cama.

Esos objetos transicionales se equiparan con la medallita o el colgante que un adulto recibió de un ser querido y que se pone cada vez que enfrentará una situación que le causa miedo o nerviosismo.

El apego a esos objetos es normal e incluso recomendable para que el niño sienta la presencia del abuelo que vive en otra ciudad, de mamá cuando va a trabajar y de papá cuando sale de viaje.

Aunque el objeto transicional es elegido por el niño, se recomienda evitar que sea el biberón lo que el pequeño necesite para sentirse seguro.

Si el bebé no se puede quedar dormido si no le dan la mamila, es una señal de que la mamila se ha convertido en el objeto transicional.

La mayoría de los niños abandona sus objetos transicionales alrededor de los 3 años, siempre y cuando sus papás les ayuden a combatir sus miedos.

Para favorecer la independencia, se recomienda que a partir del primer año el bebé duerma en su propio cuarto, que elija qué quiere comer primero, que coma solo y propiciarle un ambiente seguro donde pueda caminar y jugar. via Antonio Rizzoli

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